Muchas organizaciones ya utilizan inteligencia artificial, aunque nunca hayan tomado una decisión formal sobre cómo hacerlo.
Los equipos la aplican a textos, ideas, traducciones, resúmenes, presentaciones, informes, imágenes o investigación preliminar. Cuando cada persona trabaja con herramientas y criterios distintos, el uso se vuelve fragmentado, difícil de revisar y poco visible para la organización.
Kanon convierte esa experimentación dispersa en una práctica compartida. Define dónde aporta valor la IA, qué riesgos hay que controlar y qué responsabilidad humana debe acompañar cada uso.